Hacia tiempo viaje muy lejos,
Intente encontrar el fin del mundo.
Conmigo llevaba una brújula sin norte
Y por ello mi norte, nunca existió,
Fui navegante sin estrella.
Una música tenue me guio
Mis pasos fueron
Por un sendero que no conocía
Y en el sendero, vi nubes,
Que guiadas por el viento,
Trazaban mis temores.
Y mi camino se detuvo,
Para no proseguir jamás,
Quede varado en ese sitio,
Sin saber que sin moverme,
Mi propia suerte echaba a andar.
Y mi suerte encontró puerto,
Bello de marfil y de luz lleno,
Y mi sangre llamo a mi cuerpo,
Y viaje sin vela en mi barca,
Sin mirar la brújula,
Ni izar bandera laguna.
En mi cielo apareció una estrella,
Cruz del norte,
Que no volteé a mirar jamás,
Y sobre el agua crecieron claveles,
Altos y poderoso que amenazaron mi barco,
Una voz poderosa sacudió el aire,
Quebrantando el silencio, una voz dulce,
Canto inmortal de sirena,
Que atrajo mis sentires,
Y me acerco al centro del mundo,
Y encontré puerto, frágil y bello,
Donde la voz de la sirena,
Era la luz de mi faro,
Y la vela de mi barco,
Mi soledad dejo de ser.
Y quede ahí por siempre,
Mirando al eterno mar…


